domingo, 24 de agosto de 2014

Pensar científicamente requiere la capacidad de explorar y hacerle preguntas al mundo natural de manera sistemática pero al mismo tiempo, creativa y juguetona. Implica poder imaginar explicaciones de cómo funcionan las cosas y buscar formas de ponerlas a prueba, pensando en otras interpretaciones posibles para lo que vemos y usando evidencias para dar sustento a nuestras ideas cuando debatimos con otros”.
                                                                    Furman, M. y Zysman, A. 2001, Ciencias naturales: aprender a                                                                     investigar en la escuela. Buenos Aires, Novedades Educativas.

Hacer ciencia para aprender ciencias: aprendizaje por indagación


Para poder enseñar a pensar científicamente en el aula, una de las posibilidades es la de la “enseñanza por indagación”, en la que los alumnos se visten de científicos –y el docente, de maestro de científicos, hecho nada menor– y recorren las etapas de producción de conocimiento científico; en esta versión, los alumnos son actores activos en la generación del conocimiento.
¿Qué es lo que se “indaga” en este aprendizaje? Algo similar a lo que ocurre en la ciencia profesional: a partir de una observación, o de una situación planteada por el docente, el aula se convierte en un laboratorio de preguntas, ideas y experimentos. Aquí la palabra del docente es fundamental, para orientar esta indagación hacia playas fértiles y creativas (aun si son inesperadas).

(Tomado de: Diego A. Golombek (2008) Aprender y enseñar ciencias: del laboratorio al aula y viceversa, IV Foro Latinoamericano de Educación: APRENDER Y ENSEÑAR CIENCIAS. DESAFÍOS, ESTRATEGIAS Y OPORTUNIDADES, Fundación Santillana.)

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